martes, 5 de febrero de 2013

Corazón de cristal.




Hoy escuché muchas veces la frase: “Personaje principal”… todos, nadie… ninguno y el mundo entero al mismo tiempo. Ahí es donde la capacidad del hombre se potencia, se expande, sublima o destruye.

Un instante, sólo un instante basta para que el entorno cambie. Ese instante en que las palabras guardadas, donde el grito ahogado se hace presente como un dolor en el pecho que va bajando por el hombro, el codo, la muñeca, los dedos. El nudo en la garganta que no deja salir ni la más pequeña brisa que, sin duda, devendrá en torrente cristalino con sabor a sal.

Las palabras más dulces, las más anheladas, las más llenas de sentido provocan el vacío absoluto. Dos conversaciones… todos, nadie… ninguno y el mundo entero al mismo tiempo en un instante y el vacío absoluto.

Llamada telefónica

Por su mente cruza la idea… una idea que su soberbia (dirían algunos) no dejaba realizar. Una llamada, sólo eso. Marcó la mitad de su contraseña y la borró. No se animaba a hacerlo, no deseaba ser imprudente, empalagar y hacer todas esas cursilerías que le encantan.        

  •  ¡No debes ser imprudente!

Se lo repetía a sí y controlaba su deseo. Pero, finalmente accedió. Marcó la contraseña completa y realizó la llamada.       

  • Hola.
  • Hola.
  • ¿Cómo estás? 
  •  Bien.

No podía articular palabra. Quería decir tantas cosas y las palabras ahogadas se atragantaban en su pecho. Quiso decirle cuánto deseó abrazar su cuerpo, sentir su aroma, resentir su ausencia… pero no pudo.

  • Sólo llamé para saludarte. 
  •  Ah. Hola.

       Algo se había resquebrajado en su interior, pero no supo qué.          

  •  Ah, bueno… pues adiós, entonces.

Quiso colgar, pero eso sería un rasgo de soberbia… “sólo fue un error de comunicación”, pensó.

  • Bueno, quería saber cómo habías llegado, si estabas bien… 
  •  Ah, sí… Bien, gracias.

Iba por buen camino. Su tono se dulcificó por un instante y la esperanza de que ese dolor de pecho desapareciera, regresó. Pasaron algunos segundos que fueron eternos. Una respuesta banal sobre quiénes eran sus acompañantes le hizo comprender que no le diría más nada.

  • Bueno, entonces ¿cuándo te veo? 
  •  No lo sé… el domingo tal vez. 
  •  ¿Hasta el domingo?, bueno.
  • Adiós.

No quiso esperar respuesta, pues todo estaba en su imaginación… sólo fue eso. Su imaginación entorpeciendo un diálogo. Caminó y encontró a quienes le acompañaban. De inmediato notaron su cabello “lacio como baba”. De inmediato notaron su falta de energía: “Te nos estás bajoneando”. De inmediato notaron que algo pasaba: “En la mañana llegaste… ‘wow’ y ahorita…”. Sí, algo pasó, pero no supo distinguir qué.

Mensaje telefónico

Salió del espectáculo con sentimientos encontrados. Alegre por haber hecho lo que tenía que hacer y con un grado de melancolía por lo mucho que faltaba caminar. Llegó un mensaje que ignoró. “Seguramente más noticias… avisos de muerte y soledad”. Después de un rato revisa el mensaje. No fueron hados funestos, sino un mensaje de trabajo:

  • Nos vemos a las 9 en… 
  •  OK :) hasta mañana :) besos. 
  •  Besos! Buenas noches descansa y sueña rico. Hasta mañana.

Algo se rompió en su interior y el pecho comenzó a doler. En un par de horas el dolor pasó del pecho a la garganta, al hombro, al codo, a la muñeca y los dedos. Nueve palabras rompieron su interior… nueve palabras.

El corazón de cristal atravesado por nueve palabras de compromiso. Sólo eso necesitaba. “En nueve palabras, escritas con prisa, encontró lo que dos minutos de voz…” Ya no puede hablar. El dolor del pecho ha abierto una fuente y el codo no deja de doler. Dos personas distintas.

 Aquí no hay personaje principal… todos, nadie… ninguno y el mundo entero al mismo tiempo.

domingo, 3 de febrero de 2013

Benditas mis noches que guardan tu recuerdo.



Me hicieron falta tus letras, tus caricias, tus versos… tú.
No hay gran cosa que pueda decirte… sólo sé que soy mi pasado y mi pasado me hace ser  quien soy; me hace ser esa persona que llamó tu atención y a quien, en sueños, deseaste cazar, aún sin saber que esto pasaría.
Benditas sean las ganas de aventura, benditas las ilusiones que llevan a la idea, bendita la dulzura de tus palabras, benditas las acciones inflamadas del espíritu que te llevaron a mí.
Soy mi pasado, soy todas esas cosas que te aterran, soy todo aquello que desearías pudiera olvidar… Sí, soy todo eso y siempre lo seré, pero hoy soy presente y mi presente eres tú con tus letras, con tus caricias distantes y tus versos.
Benditas esas noches de desvelo en que la musa guía tu espíritu porque en ellas… aunque no estés conmigo, has de llevarte un poco de mí. 
Que la luna te lleve mi mensaje desde una tierra lejana, para beneplácito de esta impaciencia que me conduce a tu regazo.


jueves, 24 de enero de 2013

Tiene miedo de mirarte…





Escucha tus palabras y sabe que no mientes pero ya no puede creerlas.
¿Por qué?
Tiene miedo de mirarte porque sabe que si te mira comenzará a creer una fantasía, creerá en tus palabras.
Tiene miedo porque confiar en ti es caer; caer en la vulnerabilidad, en la ilusión de abrir las ventanas, que debieron permanecer cerradas, y observar un interior que no fue hecho para ella. Un interior que siempre se ha negado a ver y, sin embargo, cayó con gusto, pero al asomarse a ese mundo nuevo, la ventana se cerró violentamente.
El piso firme se manchó rápidamente con el purpúreo  encuentro con la realidad… su rostro sigue goteando y no se atreve a levantar la cara.
Hoy cierro mi ventana desde donde la veo, desde la salvedad de mi puesto en el que sé y puedo decir que no quiere mirarte porque conoce el poder de tus letras, de tus ojos… de ti. ¿Cómo culpar su miedo? En la vulnerabilidad es donde se es más frágil y donde todo se rompe con facilidad.
Hoy es el cuarto día y mientras espío, desde mi ventana entreabierta, la veo ahí… su rostro, su mirada sigue clavada en ese piso firme cual si deseara anclarse en él para siempre… casi puedo leer sus pensamientos… “Volar no es para mí”.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Me con-formo…



Seis treinta de la mañana. No he perdido la costumbre de abrir los ojos a esta hora.
Sin embargo, el ímpetu de escribir no se suscitó cuando los primeros rayos del día se hacían presentes a través de las cortinas. No.
Los primeros minutos de la madrugada me impulsaron a escribir aquello que no puedo dejar de gritar en unas hojas olvidadas.

Un simple deseo. Un deseo de ti.

En efecto, hoy sólo deseo una cosa:

Tu voz en mi oído, tu presencia en mis sabanas, tu aliento recorriendo mi espalda…
Tu recuerdo dormido en mi memoria, renaciendo en este despertar.

Me conformo con saberte menos distante,
me conformo con la memoria de mi cuerpo que se niega a soltarse de ti,
me conformo con estas cenizas que arden en mi pecho y
la pluma en mi mano que no puede más que emular una sombra de tu recuerdo,
de tu sonrisa,
de tu piel…
una sombra inútil, un reflejo distante sobre el agua.

Y a pesar de ello,
me con-formo con el saber el sabor de tus labios,
aquel que he buscado en otras bocas y
que sólo dejaron tras de sí el amargor de una creencia.

Me con-formo con el morir en tu recuerdo y
me con-formo con renacer entre tus sábanas…
prenderme a tu pecho como un fantasma y
saberte junto a mí, aunque ya no estés conmigo.

En fin…
me con-formo con perderme en el recuerdo de ese pequeño instante
en el que fuiste eternidad y  fuimos infinito.



Una Sibila.
Velézquez


miércoles, 7 de noviembre de 2012

“Detente sombra de mi bien esquivo...



Hoy me hizo particular sentido este Tren Nocturno que no deja de andar…

Terminar la función de hoy, escuchar el estruendo de los aplausos y sentir el calor de más de 30 corazones que vivieron este momento con nosotros fue maravilloso; sin embargo, entre piernas… al terminar de agradecer tanto cariño no pude más que llorar.

Hoy me hizo particular y violento sentido.

Una obra que, desde que la leí, me dijo más de lo que cualquiera puede imaginar y que cada función no dejé que me afectara:

“Eso no es ‘profesional’”

Y hoy ver a quien te fue tan cercano, con quien compartiste tantos de nuestros más profundos secretos provocó lo que siempre… cada función, quise evitar.

Me condujo directamente a nuestro pasado, a nuestra complicidad, a nuestro amor que el tiempo va borrando como se borran las huellas en la arena del desierto.

Hoy, más que nunca deseé que fueras ,tú, Stephanie, mi Stephanie. Hoy, más que nunca dije ese monólogo pensando en aquel momento en que “besé cada parte de tu cuerpo”, recordé como “ese hermoso cuerpo estaba dispuesto a los inventos” y cómo fue que tantas veces te dije que era feliz… que me “hacías completamente feliz y no hay un sólo momento en el que pueda arrepentirme de ello”.

Vi y sentí las lágrimas verdaderas de una Stephanie en el escenario, pero supe que no eran suyas, que no eran reales y no eran por mí; y a pesar de ello, vi en esa actriz tu rostro y tus lágrimas y tu lamento al saber que nuestra historia debía terminar a pesar nuestro. Hubiera querido detener el tiempo y seguir observándote y poder gritar a los cuatro vientos cuánto y cómo te amé y me amaste… pero no pude: “La función debe continuar”.

Esperé el pie para voltear y sentir a la actriz decir sus textos… En ese instante, Sor Juana se hizo presente para hacerme recordar cuánto deseo tenerte junto a mí:

“Detente sombra de mi bien esquivo,
Imagen del hechizo que más quiero…”

Te escuché… eras tú, era tu voz pidiéndome esperar. Fuiste tú quien me decía: “Mírame, Claudia… mira cuánto he crecido. Hoy vengo por ti… ‘Sé que no puedo vivir más que en este mundo, pero quiero vivirlo contigo’… Quédate.”

Terminó la ficción. Escuché el aplauso del público. Contuve el llanto que quiso hacerse presente  todo el tiempo y que no dejé escapar. Agradecí con una sonrisa complacida… y nadie supo lo que se derrumbaba en mi interior. Salí a esconderme entre piernas y las lágrimas no dejaban de salir… En esa hora y media fuiste tú y sólo tú, conmigo “en un instante irrepetible…único” que se quedó grabado en lo más profundo de mi ser.

Sigues en mí y sigo esperando que suceda el milagro de ver tus ojos otra vez y saber que hay un Tren Nocturno a Georgia que nos espera en el andén 21… No importa que sólo sea una ficción.


domingo, 7 de octubre de 2012

Buenos días mundo... buen día Teatro...



Ayer llegué mueeeeeeerta de cansancio... Esto de no tener un ratito libre pa'mí es rarísimo.

En fin. Llegué a casa a las 6. Comí, tomé agua de limón y dije: "Tengo frío... me acuesto un rato a dormir"... Dormí... Desperté a las 5 de la mañana con cara de muerto fresco... me acosté un rato más y ahora estoy casi lista para otro día maratónico...

Mañana... no a la escuela :'( sino a arreglar asunt
os burocráticos en mi trabajo.

La vida es difícil... pero me consuela ver lo que he logrado hasta ahora en el teatro: Aprender que falta mucho por aprender y que a mi lado tengo un grupo de locos acompañantes que, de una u otra manera, están conmigo ayudándome a seguir creciendo junto a ellos :D

Buenos días mundo, buen día Teatro :)