miércoles, 24 de diciembre de 2014

Feliz navidad a todos aquellos en quienes no pensamos esta noche.



Hemos aprendido a ignorar la belleza y todo aquello que vale la pena rescatar. Aprendemos a caminar con un “no” como respuesta, en lugar de ver cada una de las posibilidades que nos circundan. ¿Por qué debe haber una sola forma de entender el mundo? Pareciera que si no estoy afirmando una postura, me transformo en “el enemigo”: o soy de derecha, o soy de ultra derecha, o soy de izquierda o soy roja, o soy radical o… o… o…

Cada vez que me defino o me definen, me encarcelan las palabras que me indican cómo debo actuar, cómo debo pensar, cómo debo sentir, qué debo decir y qué debo tolerar o no tolerar.

Algunos dirán que soy débil y sin postura; que por “gente como yo” el país es una mierda… y tal vez tengan razón. Otros dirán que lo que digo es también una postura, que no puedo vivir sin una  y de nuevo vendrán a encasillarme.

Hoy sí recuerdo a los 43 y sus familias, pero también recuerdo que hace un par de años leí una nota cuyo título decía (palabras más, palabras menos) “Sí a la vida, pero toda la vida”. Pienso también en una serie de cosas que he visto en estos días y son imágenes que se repiten cada año en mi comunidad: 

·         Gente haciendo filas para que las camionetas de la Delegación lleguen a repartir cobijas porque el frío es intolerable para las personas en sus pequeñas casas.
·         Gente que sigue viviendo en casas de cartón, de lámina, de tablas y de malos materiales (que son, además –curiosamente-, vecinos del TEC, la Ibero y el Centro Comercial Santa Fe)
·         Gente “de bien” pasando en automóviles junto a: “zonas marginales… Algo así como las de Brasil” y lamentándose de la injusticia que vive nuestro país –mientras van al cine, a la fiesta, etc.
·         Personas que veo todos los días haciendo fila mientras llegan camionetas (2) llenas de verduras en proceso de descomposición y cada persona de esa fila con una bolsa para levantar lo que aún puede ser salvado para preparar, no la cena navideña, sino la comida de todos los días…

Así podría seguir con una larga lista de cosas que veo todos los días y cada vez me sorprendo cuando los veo tener actitudes “tan parecidas a lo humano” –No me malinterpreten, pero eso comentamos cuando me confiesan que muchas veces los tratan como animales y a pesar de ello, de pronto “también nos sale lo humano, maestra”.

La vida, sí, pero toda la vida. Me he notado olvidando todo esto, pero cada día recuerdo que hay mucho que realizar, muchas cosas que cambiar: cada que veo a una niña con su bebé entrar a mi salón de clase, cada que una alumna me pide permiso de dejar su caja con empanadas para vender en el descanso y sacar para su comida, cada que un alumno me cuenta que sus papás no están todo el año con ellos, pero en navidad les dan los regalos más exóticos que puedo imaginar; cada que un alumno –ya sea de las “zonas marginales” o de escuelas particulares, me cuenta que están tan solos que no saben hacia dónde más mirar.

La vida, sí, pero toda la vida. Justicia, sí, pero para todos.

No sé qué cenaré en Navidad. Nunca hemos sido ostentosos en estas fechas. Volveremos a dormir temprano y a la mañana siguiente –después del despilfarro navideño y de año nuevo- volveremos a la misma cotidianidad. Volveremos al mismo mundo de soledad, injusticia, egoísmo y así será otro año y otro y uno más.

¿Volveremos al mismo mundo? ¿Justicia para todos? ¿Vida para todos? Creo que es posible y no dejo de trabajar por ellos desde lo que sé hacer.

Qué orgullo saber que tengo un alumno que quiere estudiar psicología para poder ayudar “más y de mejor modo”  en el centro de rehabilitación de adolescentes donde trabaja como ayudante; uno que está por graduarse como estudiante de artes plásticas y desea regresar a su comunidad… etc. El proceso es lento, sí. Pero ante todo, yo le apuesto a la vida en todas sus manifestaciones…

Tal vez sea cobarde y me puedan catalogar en alguna de las cajitas que tanto gustan… Si me llegara a acomodar en alguna, no dudaré en avisarles y gustosa me pondré mi código de barras que me certifique como tal. Por ahora, soy rara y  tengo “múltiples caras”: a veces soy… y otras soy… y unas más soy… Y sí…, gracias. Así soy.

Hoy dormiré con esta frase: La vida, la justicia, el recuerdo… sí, pero todo, todo el tiempo. Pensar en aquellos que fueron arrebatados violentamente, pero también en aquellos que hasta ahora no tienen más remedio que trabajar para comer: ¡Qué curioso que algo tan básico deba ganarse en estas zonas!

Un alumno alguna vez me dijo: “Dicen que no tenemos conciencia política y que somos ignorantes… como niños a los que nos deben educar para que el país cambie… y tienen razón maestra, pero luchar requiere pensar y para bien pensar hay que leer y estudiar y reflexionar además de la escuela y yo vengo a la escuela sacrificando horas de trabajo y ganando menos por menos tiempo en la chamba. A veces creo que pensar es un privilegio de quien sí tiene qué comer…”

Hoy, en esta navidad doy gracias porque soy una privilegiada que puede pensar, aunque digan que pienso pendejadas, el pensamiento siempre se puede pulir. La vida, sí… pero toda la vida. No pretender ser “luchador social” para alimentar la propia vanidad y permitir que la injusticia se nos cuele en el cotidiano.

 Feliz navidad a todos aquellos en quienes no pensamos esta noche.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Para ti...



Repasé una vez más mi  memoria y ahí te volví a encontrar.

Ha pasado casi un año y el mundo es distinto para todos. Mi camino ha tomado matices inesperados y me he reencontrado a mí misma. Me sigues doliendo como una cicatriz que tarda en sanar y tu marca me recuerda cuán importante te mostraste y te anidaste en mi camino. Te recuerdo y te siento cerca a pesar de que  esta historia ha mostrado un “ya no más”.
Hoy la tristeza me llena, pero, a pesar de que sigues siendo parte de ella, esta tristeza me ha llevado a otro lugar y me ha transformado sustancialmente. Puedo seguir con cierta tranquilidad mi camino, sabiendo de antemano que eres feliz y que ahora puedo verte a lo lejos sin llorar.

Mi mirada y mi amor están puestos en otro lado. Mi tristeza y dolor también.
No puedo dejar que el miedo y el dolor me paralicen, a pesar de no saber hacia dónde caminar. Sólo tengo estas manos y este cuerpo y esta mente y este ser. ¿Para qué?, tal vez para poder accionar. Por fin entiendo esto de la soledad: No es que la vida signifique estar al lado de alguien o que ése sea un elemento fundamental de nuestra existencia. El otro –el que no soy yo- puede acompañarme a pesar de la distancia y su ausencia dolerme en lo más profundo.

Hoy no sé qué hacer con esta tristeza que tenía guardada, olvidada y archivada en mis carpetas. Hoy regresan esos nombres desconocidos a suplicarnos no olvidar… No debemos olvidar. Cada uno representa ese pequeño y frágil momento en el que deseamos lo mismo que aquellos que hoy se disolvieron en el viento. Su susurro está en el aire y no puedo ser indiferente.
En mi memoria estás tú, pero mis letras y mis emociones han cambiado de lugar. No te olvido, porque eres parte de mí. No te olvido porque, al final nos tocó compartir este andar y tal vez debemos encontrar una razón para seguir. Estoy orgullosa de haber encontrado la mía y de recuperarme a mí misma después de 8 años de olvido. Sigue en tu camino, sigue creciendo como te he visto crecer (¡qué dicha verte así!) y, aunque lo dudes, sigo teniendo noches estrelladas en las que la luna me sonríe y pido a ellas por ti. Gracias por todo y buena suerte.

sábado, 6 de septiembre de 2014



El miedo paraliza de la forma más efectiva que pude pensar. Tenía casi 7 años de no ver tu rostro. La última vez que te vi fue en los pasillos de la facultad y me dijiste que pensabas terminar de cubrir los créditos y regresar a esa comunidad para ser maestro. Deseabas estar donde hiciera falta.


No volví a verte, pero supe que tu compromiso con ciertas comunidades era contundente. Me contaste las condiciones en las que vive la gente y, después de un año allá, no podías regresar igual. Tus ojos habían cambiado, pero tenías miedo de volver. Es difícil la vida allá.


Ayer volví a ver tu rostro entre la gente y, sin embargo, no fue un momento de felicidad: una manta pegada en las paredes de la Facultad, nuestra facultad. Tu nombre escrito claramente y, al lado, “preso de conciencia”.

¿Tú?

Secuestro, eso dicen.

¿Tú?

Vi tu rostro suplicante en la pared, esa pared que tantas veces nos vio sonreír y donde alguna vez nos tomamos una foto juntos. El lugar donde me dijiste que me enseñarías a jugar ajedrez: tu pasión.
Un hueco en el estómago y una parálisis total. El tiempo se detuvo y sólo llegó una avalancha de recuerdos. Me parece increíble que después de 7 años y recordarte con tal cariño, ahora vea tu nombre y sepa que has sido torturado y no hay acusación o pruebas contundentes en tu contra.

¿Tú?

He aprendido con el paso del tiempo que 1984 está más cerca de lo que pensábamos en esos años de escuela y descubrimiento. ¿Cómo es que, ahora, pertenezcas al bando de “los malos”?, por lo menos eso es lo que “se dice”.

¿Tú?

Yo, sin fuerza en estas manos, sin decisión de tirarme al abismo… Yo, con miedo. Hoy descubrí que la estrategia fue efectiva. Tengo miedo por ti, por tu familia, por tus amigos y ese miedo me paraliza.
Tú, Enrique… tú.

Hoy no tengo fuerzas y estoy aquí sin saber más. No sé qué hacer. ¿Rezar?, ¿gritar?, ¿escribir?, ¿pensar?... nada, todo.

Tú en mi memoria, tú en mi corazón, tú en mi miedo. Tú y sólo tú.

Hoy, perdóname. Perdóname por enterarme un año después. Perdóname porque no sé qué hacer y no puedo creerme esa historia en donde tú eres un criminal mental como diría Orwell. No puedo creerla, pero tampoco sé qué hacer.